Por Luis Carlos Toro
Va por ti Gellar.
Dentro de los incontables pruritos que manifiesta el gremio de los bibliófilos, existe el de coleccionar libros raros y curiosos, máxime cuando se trata de un documento marcado con un sello distintivo, perteneciente a un reconocido hombre de letras, grabado con su huella personal para beneficio y gloria eterna de su reputación.
EX–LIBRIS quiere decir (...de entre los libros de, indicativo de la propiedad del mismo)1. El primero que se conoce procede de la biblioteca del faraón Amenofis III, data del siglo XV antes de Cristo y permanece en el Museo Británico de Londres. La inscripción que pone de manifiesto la procedencia se conserva en una tableta de barro cocido y esmaltado en azul, la cual contiene una inscripción jeroglífica de un color azul más intenso. Otro famoso EX–LIBRIS proviene de Baviera, de 1188, y exhibe el perfil del emperador Federico I. No obstante, el primer EX–LIBRIS impreso que se registra fecha del año 1491 y se le adjudica al clérigo Juan Krabensperg, quien, conforme a las nuevas tecnologías de su época, procedió a dar rienda suelta a su maníaca obsesión de marcar los textos.
Desde el nacimiento de la imprenta, el furor por el EX–LIBRIS se apoderó de los bibliófilos. La huella indeleble, que comenzó como una simple etiquete hecha a mano, rápidamente evolucionó hasta ser parte del libro impreso, denotando su noble procedencia, y aumentando su valor histórico y artístico.
De esta manera, la afición por el EX–LIBRIS se propagó desde el norte de Europa hasta las lejanas tierras de Oriente y América. Su influencia despertó el interés de grandes artistas como Alberto Durero, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y Rafael, entre otros. Dentro de los motivos más destacados se encuentran escudos heráldicos, castillos, animales, flores, rostros humanos e imágenes variadas que reflejan la personalidad de sus propietarios y/o autores.
Este curioso distintivo, además de reflejar la vanidad humana y la porfía maniática de sus autores, se muestra como un elemento importante dentro del análisis histórico y da pie a una reflexión profunda sobre el carácter valorativo de los libros en una época determinada.