Virtudes olvidadas en las ciudades
A raíz del post ¿siglo XXI = -XXI?, me he quedado un poco enganchado en la inopia, en la sensación de que algo va mal y no sabes muy bien por donde tirar. Realmente no tiene mucho que ver con el post que os he mencionado antes, pero si como hemos evolucionado a marchas forzadas para crear una sociedad tan “despersonalizada” que da auténtico pavor.
Os voy a poner unos ejemplos que han ido ocurriendo esta misma semana, para que veáis que el mundo se está absorbiendo a si mismo, y está creando autistas funcionales que jamás saldrán de su circulo de monotonía.
Hace cuatro días, yendo en el cercanías que une Madrid con el corredor del henares me encontré a un par de vejetes, arañados y doblados por la edad, traían en sus manos cuatro maletones atados con cuerda de esparto. Eran las ocho menos cuarto de la mañana y el sueño hacía estragos entre los que entrábamos a estudiar y los que iban a trabajar. El caso es que todo el mundo, niños, jóvenes, adultos, yonquis, trabajadores de la construcción, estudiantes madrugadores, etc. Se quedó mirando pasmados como estos maduros personajes, de unos ochenta años cada uno no tenían donde sentarse. A nadie se le ocurrió levantarse, a nadie le salió una palabra de amabilidad para dejar a esta juventud del pasado sentarse con sus cuatro bultos a las espaldas. Obviamente me levanté de inmediato para dejarles y la gente me miró con cara de “que estúpido, aún le quedan 8 paradas de cercanías y deja su sito a esta par de viejos”. Os aseguro que las palabras de agradecimiento del hombre se me han quedado grabadas para siempre. Me dijo un claro y alentador “aún queda gente buena en Madrid”. Ni mucho menos me lo creí, ya que la picaresca en Madrid está a la orden del día, y yo entre los primeros, pero la educación va muy por delante de la picardía que tenga cada uno.
Este tema solo demuestra que las grandes urbes son un atolladero de corrupción moral, y cuando vienes de fuera te das más cuenta de que el mundo en las megaurbes está podrido. Podemos tener nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestros cines a pie de calle y los mejores restaurantes, podemos tener el mejor transporte y los mejores parqeus del mundo, pero hemos olvidado a ser personas y eso quema mucho.
Ya os contaré la historia de un gran amigo mío, que vino desde lejos para vivir en Madrid, y poco a poco se da cuenta de que el dorado no existe, y de que en su pueblo, en esa aldea perdida en algún lugar de España tienen una virtud que nosotros hemos olvidado: Ser persona ante las personas.





